
Y los datos le dan la razón. El 72% de los pacientes encuestados manifestaron haber sufrido alguna complicación posterior a la colocación del piercing. La más frecuente fue la inflamación (el 35%), seguida del dolor (18%), la dificultad de hablar y de masticar (el 15%), disgeusia (alteración del gusto) (el 5%), sangrado (4%), hipersialia (aumento de la salivación), infección y parestesias (sensación de hormigueo) (todas ellas un 2%) y alergia (1%).
Además de los daños típicos después de la colocación del piercing, se producen también lesiones periodontales y en los tejidos duros y blandos, tanto en la colocación extraoral como intraoral. Las fisuras son los daños en los tejidos duros más frecuentes (96,5%) –siendo éstas independientes del tipo de piercing, material o tiempo de permanencia-, seguidas de las abrasiones (10,3%) y finalmente las pigmentaciones (3,5%). Con respecto a los tejidos blando, el 85% de los sujetos presenta algún daño. El que se produce más a menudo es la impronta (el 72%), seguido de la depapilación (el 15%), queloides (crecimientos exagerados del tejido cicatricial ) (el 7%) y la úlcera (el 6%).
Pero si alguna lesión preocupa a los odontólogos es la periodontal ya que se producen en casi la mitad de los portadores de piercings (48,1%). Éstas aumentan en los sujetos que llevan el piercing de metal y colocación extraoral.
Odontoplanet
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